Por un rato

Solía entrar de puntillas en la habiacion a oscuras, para robar abrazos. Se quedaba pegada al corazón de un extraño y luego se marchaba en silencio.

No había conversación, ni sexo, ni nada parecido. Solo eso, abrazos. Un poco de amor secuestrado, de ese que ya no abunda.

Era su manera de mostrarse intimamente, de quererse y de que la quisieran, por un ratito.

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